FANTASMAS DEL CINE: Ford & Wayne «Sobre Guerras»

«La guerra es la proyección espectacular y sangrienta del propio conflicto interior». (Robert Louis Stevenson)

«El hombre es el único ser vivo que se plantea la eliminación sistemática de miembros de su propia especie. En los últimos tres mil años ha provocado tres mil guerras, dos de ellas mundiales. (Aldous Huxley)

La vida es una caza incesante en la que cazadores o cazados, los hombres se disputan un horrible botín, una especie de historia universal del dolor que se resume así: devastar la naturaleza, sufrir siempre, luchar sin tregua y por fin morir, y así por los siglos de los siglos hasta que nuestro planeta salte en astillas. (Schopenhauer)

«Vivimos en nuestro oscuro aislamiento particular, y el escape de ello es más oscuridad. El interés está puesto en una corta, insensata supervivencia. Mientras, millones mueren de hambre o son sangrientamente asesinados. Dejamos el arreglo del mundo a los corruptos y mentirosos políticos y a la demencia y ambición de los líderes religiosos. Debido a que carecemos de integridad hemos construido una sociedad corrupta y brutal que se basa en el mas absoluto egoísmo. (J. Krishnamurti)

<JOHN WAYNE : «EL ARMA DEL VAQUERO»>

Fue partidario de usar bombas atómicas en la guerra del Vietnam.

Decía odiar el racismo, los fascismos y el comunismo.

Para Robert Mitchum era «un idiota. Hasta cuando abría un refresco parecía rodeado de comanches».

«Le gustaba resolver los problemas de la gente», dice Richard Boone. «Era una persona realmente generosa».

Según su secretaria «sus sufrimientos por el cáncer debían ser horribles, pero nadie, ni siquiera su familia, le oyó quejarse nunca. En este sentido fue el héroe que tantas veces interpretó en las películas».

Pocos días antes de su muerte se situó frente a las cámaras de televisión. «Ten mucho cuidado» le dijo al maquillador «No vayan a creer que ya me han embalsamado».

El fantasma de John Ford acepta entrevistar a su actor emblemático, hoy un espíritu «errante»

– Bien, muchacho, explícale a este buen hombre por qué querías tirar bombas atómicas en Vietnam.

– Para ganar la guerra.

Ford ladea hacia mí su cuerpo etérico.

– Ya lo ve, seguirá siendo un pedazo de bestia astral por toda la eternidad. (Se encara con Wayne) Mira, John, ésa no es forma de hacer las cosas. Piensa que esas guerras se organizan para que duren varios años, así los chicos de las industrias de armamento tienen tiempo de ensayar todos sus artefactos. ¿Sabes la cantidad de buenos americanos que alimentan a los suyos inventando cosas que maten a otros? Ahora llega un tío como tú que piensa con el culo y tira una de esas bombas. ¿Dónde está el negocio?

– En ganar la guerra. ¿Que diablos te pasa?

– (La voz de Ford revela una extrema paciencia). Bueno, hijo, por lo visto no te das cuenta de que eso nos costaría miles de millones de dólares. Sería mejor negocio darles toda esa pasta a los vietnamitas y convertirlos en buenos demócratas capitalistas. Luego ya se lo sacaríamos con creces vendiéndolos tecnología de segunda mano.

– Hablas como un predicador.

– No te digo que no. Pero imagina, ahora, que después de tirar esas bombas, los muchachos de la Marina vuelven a casa y no quieren entrar en los ghetos. El gobierno que confiaba en dejar un millón de negros y puertorriqueños en las selvas, se encuentra a un millón de tios de uniforme, con hambre atrasada y dandoselas de héroes. Cuando robaban carteras les podías mandar a la policía para que les pegase un tiro. ¿Pero a quién le mandas cuando se pasean con banderas por el centro de la ciudad?

– ¡Son soldados! ¿Que demonios pintan en la ciudad mientras el comunismo se extiende por todo el mundo?

John, escúchame con mucha atención. Y no vuelvas a soltarme una de esas porque no quiero enfadarme. Tú ya sabes que si me calientas un poco…

– Solo era una pregunta.

– Bueno, mira. Un país cuya única riqueza es el plutonio que flota en el aire no interesa a nadie. Cuando tú ganas una guerra el negocio está en sacarles a los que la pierden cinco dólares por cada uno que tú has invertido en machacarlos. Y sí quieres cobrar es mejor que no los mates a todos. También debes dejarles la industria suficiente para que puedan ganarse el dinero que luego te llevas tú.

– Ahora pareces Henry Hathaway... ¡Diablos, John! Te conozco hace muchos años y aún no sé qué maldita ideología es la tuya.

– Te lo he repetido mil veces, hombre. Mi maestro espiritual fue un brujo apache. Cuando se incendió aquel bar en Denver me salvó la vida un negro comunista. Mi mejor cocinero era un Japonés que había matado americanos en el Pacífico. Gracias a los capitalistas he podido hacer cine, y considero un buen amigo a un matón como tú ¿Que ideología quieres que tenga? (Pausa). Cuando tú miras la naturaleza, te dices. «Bueno, esto es realmente hermoso». En una selva o en un desierto la tierra siempre está limpia. Y su belleza…

– Ahora pareces el tío Remus.

– Pués, mira, ese simpático personaje… John, uno de estos espectrales días te voy a romper la cabeza.

– ¿Quieres pelear con un fantasma?

¡Suasss! El fantasmal puño de Ford se dispara hacia los ojos fantasmales de John Wayne. Una violenta sacudida agita las nieblas de esta sexta dimensión.

< JOHN FORD: «NO ME GUSTAN LOS PASADOS BORRASCOSOS, ESO NIEGA EL HUMOR» >

«Soy irlandés de origen, pero de cultura western. Lo que me interesa es el folklore del oeste. Mostrar lo real, casi documental. Me gusta el aire libre, los grandes espacios. En la manera de contar una historia, en la realización, es como puede definirse un cineasta».

Alguien vino a llamarle «monumento del cine norteamericano». Su verdadero nombre era Sean Aloysius O’Fearna. Como John Ford, firmaría más de 125 películas.

Nuestro guía, un sioux ogalalla, derrama tres huesos de águila sobre la tierra roja y entona el rítmico «A i-pta». El fantasma de Ford llamea en sus contornos, como la crin de un caballo al galope. «A-i-pta».

– Creo que fue Henry Hathaway quien dijo que lo malo de usted era que no sabía aceptar una buena mentira.

Hathaway tenía alma de tahúr, nadie como él para definir desde la pantalla como es un fullero.

– ¿Es cierto que vivío durante ocho meses entre los apaches?

– En una tribu de apaches mescaleros, sí. Por entonces aún conservaban sus territorios en Río Grande.

– Usted no rodó muchos films, digamos, «pro-indios«, aunque se dice que les apoyo en sus reivindicaciones.

– He filmado pocas películas según mis gustos y afinidades. En Norteamérica usted puede fracasar en el terreno artístico pero no en el comercial.

– Pero usted se hizo productor.

– Y entonces me encontré con la dictadura de los distribuidores. ¿Vio «Cheyenne Autumn» («El gran combate», 1964)? Llegue a pensar en un film de 4 horas. Luego llegaron los coproductores, los distribuidores, el exhibidor. Y cada uno traía su propia tijera. La historia del cine norteamericano está llena de grandes películas destrozadas por tipos que presumen de conocer al público.

– ¿Es cierto que entre sus proyectos estaba un film sobre Custer?

– Como sabe el personaje de Henry Fonda en «Fort Apache» estaba vagamente inspirado en Custer. Hubo muchos generales que aprovecharon las revueltas indias para ganar prestigio.

– ¿Cómo era Custer realmente?

– Un mal hombre, pero buen militar, que es la peor combinación que se puede encontrar en un ser humano.

– ¿Se podría decir que los héroes de sus películas están hechos de una pieza?

– ¿Y eso qué significa?

– Bueno, en Hathaway, Mann, Delmer Daves… Los personajes parecen evolucionar. La película es, si puedo expresarlo así, un itinerario moral.

– ¿Usted llama evolución a eso? Generalmente ellos vuelven al punto de partida.

– ¿Que le interesa a usted de un personaje?

– Si se refiere al personaje principal, que se encuentre bien consigo mismo. No me gustan los pasados borrascosos, eso niega el humor. Me gusta que un espectador diga: «Este hombre tiene las cosas claras. Veremos si se mantiene así hasta el final».

– Firme, leal, generoso y honrado. ¿Conoció mucha gente así en la vida real?

– Por supuesto que no, ¿Por qué cree que me dediqué al cine? Mire, bromas aparte, siempre he odiado todo lo que obstruye la relación del hombre con la naturaleza; toda forma de mezquindad procede de ahí. «Entre las negras lomas, a gran distancia del Río Colorado, erguíase la montaña, agrandada en su maravillosa inmensidad por la transparencia del ambiente»… ¿Sabe cuántas películas he rodado en esos maravillosos escenarios abiertos?

– Pero sus personajes…

– Oh, vamos, olvide todo eso.