FANTASMAS DEL CINE: Luis Buñuel «la mente que no sueña»

«Bastaría que la pupila blanca de la pantalla pudiera reflejar la luz que le es propia para hacer saltar el Universo, pero de momento podemos dormir tranquilos, pues la luz cinematográfica está dosificada».

Luis Buñuel

También decía sentir auténtico amor por lo instintivo e irracional, por el lado desconocido y extraño de las cosas. Pero fue lo bastante racional como para encontrar una disciplina en el surrealismo.

Su mejor cine tuvo el mismo compromiso, la misma sincera austeridad de los Mizoguchi, Dreyer o Bresson, que sin duda nunca vieron con agrado su violenta tendencia al símbolo, cuando no al disparate. Pero tuvo más sentido del humor, más miedo a la vida y menos respeto al espectador que aquellos tres juntos.

Se habló de su «máscara cruel», su «ferocidad», su «falta de transparencia». Bazin lo describe como un hombre «tranquilo, tierno, reservado, incapaz constitutivamente de la menor concesión, de la menor hipocresía».

– ¿Cómo vivió su último suspiro?

El fantasma, un desenfoque gris mercurial, se inclina levemente.

– ¿Quiere hablar de la muerte? -pausa- En realidad tiene la misma cualidad del sueño. Comprenda la sutileza de ello. Cuando usted vive una vigilia con la mente felizmente instalada en la realidad…

– ¿A que llama «felizmente instalada»?

– Sin tensiones, sin sufrimiento, vitalmente atenta, apasionada por el presente… Una mente así no sueña.

– Eso lo discutiría cualquier neurofisiólogo.

– Lo discutiría todo el mundo. Pero vea, esos neurofisiólogos admiten que un cerebro es como un libro de mil páginas del que han descifrado muy pocas líneas.

– ¿Qué es para usted el sueño?

La manifestación de un desorden. O, mejor, un intento del cerebro por encontrar el orden que le niega la vigilia.

– Existe el caso de un Einstein que decía encontrar solución a ciertos problemas técnicos mientras dormía.

– Ya ve, una parte de su cerebro continuaba activa, cuando debía estar en reposo. Eso no es orden. El puede formular una brillante teoría científica y seguir ignorando el funcionamiento de sus propias neuronas. (Pausa) Mire, el cerebro es un instrumento maravilloso. Esta capacitado para comprender la totalidad de la vida, y eso incluye ese hecho tan significativo al que llamamos muerte. Pero debe estar en orden.

– ¿Por qué relaciona ese orden con la felicidad?

Si hay miedo o tensión, el cerebro deja de funcionar correctamente. Entonces aparecen los mecanismos de escape o la sumisión al orden neurótico que proponen los políticos, los llamados religiosos o el psiquiatra. ¡Toda esa repugnante explotación!.

– En sus películas no encontramos muchas mentes felizmente instaladas en la realidad.

– Dudo que encuentre usted ninguna.

– ¿De ahí toda la parafernalia simbólica? Según su teoría…

– No es una teoría…

– ¿Por qué dijo que miraba a sus personajes desde un punto de vista sádico?

– ¡Cielo santo! ¿A dónde quiere ir a parar? Lo que dije es que tenía más predisposición a ver y pensar una situación desde un punto de vista sádico o sadista que, digamos, neorrealista o místico. Alguien se preguntaba: ¿Qué puede encontrar la chica en el enigmático baúl de su amante?… ¿Libros?, ¿Ropa interior?. Yo me decidía por el cadáver decapitado de una monja. Eso es todo.

– ¡Caramba! ¿Y era usted una mente felizmente instalada?

– Por supuesto que no. Ni siquiera intuía esa posibilidad.

Rabindranath Tagore escribió que «la muerte es el sueño de un niño feliz tras un día de júbilo en sus juegos».

– Con la muerte, la consciencia vuelca todo su contenido, su mundo de miedos y esperanzas, y el inmenso vacío que las contenía. En esa quietud, ese vacío, esa inmensidad, vive aquello que los hombres han buscado a través de los siglos.

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