Bukowski: «La forja del escritor»

«La poesía evita que uno se vuelva completamente loco»

Charles Bukowski

Así me habla el fantasma de Charles Bukowski, en voz inaudible para la maltrecha fauna del bar. A dos horas del amanecer.

Fotograma de la película «Born into this»

Entre putas voladas de anfetas y buscones resacosos. Y el que se traga dos pastillas con ginebra y ahora fuma en la penumbra con ojos de loco.

Son las cinco en el reloj de la vieja torre. Y yo dirigiendo preguntas al vacío, con un pelotazo de vodka en el esófago, las sienes encendidas, vigilado por ese camarero alto, enjuto y lívido, de negro y piel como pintada sobre el hueso, que no volverá a su cripta sin alterar mis nervios con sus gestos de estupor.

Pero tengo frente a mí a Bukowski, aquel anarcoide loco de lascivia exacerbada, insobornable, melancólico y obsceno, Satán del sueño americano y de tantos sueños civilizados, la escritura más diáfana y osada de toda su generación.

Así que me levanto y tomo impulso hacia la barra que sirve de frontera al camarero, y que ahora me mira como miraba el conde Drácula a los que podían encararle un crucifijo.

Le pido más vodka y más café, un batido de chocolate y aspirinas, y le digo que estoy ensayando una obra de teatro.

– Claro, señor, usted a lo suyo. Le llevarán la consumición a la mesa. Gracias señor.

Y vuelvo a Bukowski, que parecía ir por la vida buscando problemas, o quizá buscando otras cosas, pero encontrando problemas, y escribiendo sobre las crueldades, locuras y aburrimientos de una sociedad hecha de jueces y verdugos incontables para víctimas que quizá se lo merecen.

– Antes de la segunda guerra mundial, usted que ya cruza puñetazos con su padre y bebe hasta perder la consciencia, dice encontrar un verdadero hogar en la vieja biblioteca pública de Los Ángeles.

– Era el hogar de muchos vagabundos que utilizaban sus aseos y se resguardaban del frío o del calor excesivos. Yo era un bibliófilo desencantado que iba de una sala a otra ojeando libros de historia, religión, filosofía… Incluso de medicina y geología.

– ¿Ha dicho bibliófilo desencantado?

– Sí. No encontraba escritores que me hiciesen vibrar. De Platón, Kant o Schopenhauer saltaba a Cervantes, Shakespeare, Tolstoi o Balzac. Leía páginas y páginas temiendo que un poder en la sombra les hubiese permitido sobrevivir a su tiempo con el propósito de idiotizar aún más al pueblo. Así leí a Goethe, Joyce, Proust, Sartre, Thomas Mann y a todos esos que han creído que aburrir al lector es una forma de arte.

– ¿Pensaba por entonces ser escritor?

– Lo que pensaba por entonces y por el resto de mis días es que vivía en una sociedad de zorras, orangutanes, cabrones, locos y asesinos. Y que aquellos escritores me estaban diciendo: «Oh, no, no es sólo eso: Sigue leyendo y te convencerás».

– Y usted siguió leyendo hasta encontrar a Dostoievski y D. H. Lawrence.

– Que eran buenos cuando sufrían; increíblemente buenos. Pero se ablandaban cuando la vida les sonreía.

– ¿El sufrimiento ayuda a escribir?

Fotograma de la película «Born into this»

– El sufrimiento es como cualquier otra cosa. Si tienes demasiado puedes hundirte. Es el intento de escapar del sufrimiento lo que crea grandes escritores.

– Usted dejo escrito que Dreiser y Gogol le parecían tontos de remate, Dante un gilipollas, Homero y Virgilio dos abuelas sanguinarias…

– Bueno, también encontré a esos poetas de la China antigua que decían en un solo verso más que otros en cientos. Y a John Fante, Maupassant y Sherwood Anderson, que me infundían ciertas dosis de esperanza. Eran como un trago en el camino.

– ¿Qué le gustaba de Maupassant?

– Que estaba loco, no se si por la sífilis o por haber trabajado en un ministerio. Pero convirtió su locura en una fuente de inspiración. El creía que la civilización era una causa perdida cuando renunció a los privilegios de su inmensa popularidad para vivir enfrentado a sí mismo. Ya tenía todo lo que un verdadero escritor necesita: la experiencia de una absoluta decepción y la capacidad de soportarse a sí mismo. El resto es oficio.

– ¿Era el caso de James Thurber?

– No. Thurber era un loco que sabía que todo el mundo está loco, algo que no ocurre con frecuencia entre los escritores, lamentablemente. Eso le añadía ferocidad. El intentaba castigar al mundo, Maupassant se contentaba con evadirlo.

– En principio usted simpatiza con escritores, digamos, muy perturbados: Céline, Maupassant, Thurber, Chatterton… Pero también dijo que Hemingway decidió su vocación.

– ¿Y? Amigo, debería dejar ese batido de chocolate. Le sienta mejor el vodka, ¿Me está diciendo que Hemingway era un no muy perturbado?

– En realidad lo que me gustaría saber es por qué le impactó tanto.

– Todos los escritores de mi generación, lo reconozcan o no, acusaron su influencia. Hemingway era conciso, efectivo, no sé si objetivo es la palabra exacta. Sabía mirar y contar con sencillez lo que veía. Luego enloqueció de vanidad y terminó lunático. Fueron demasiados años defendiendo la imagen del macho bebedor viviendo a todo riesgo. Lo único interesante que dijo en el último tercio de su vida es que un escritor necesita un poderoso detector de mierda.

– ¿Lo tenía usted?

Fotograma de la película «Born into this«

– Yo era la mierda misma.

Y el fantasma hace: ¡Ah, ja, ja, ja, ja! Y yo: ¡Ah, ja, ja, ja, ja! Después le pregunto por Capote y Norman Mailer.

– No me gustaban. Ni Burroughs, Thomas Wolf, Ginsberg, ni Henry Miller, que ya sabían qué tipo de libro iban a escribir cuando se metían en líos. Ni Faulkner, que sólo servía para dar coartadas a los extremistas sureños.

– ¿Y Camus?

– Fue bueno hasta que empezó a soltar discursos por las academias. Eso lo mató y no su accidente de automóvil.

– Ya con sententa años dirá usted que sus preferidos han sido Kafka, Turgueniev en sus cuentos, Fante, Céline en su primer libro, el Dostoievski de sus horas tristes, Maupassant y como poeta Whitman. Pero que el mejor de todos, el mejor escritor de la historia, era Knut Hamsun, algo que sorprendió a muchos.

– Que sin duda no habían leído sus libros. Amigo, coja una botella de buen vino y escuche algo lento de Mahler, Charlie Parker o Dizzie Gillespie mientras lee ese prodigio literario que es «Hambre». Si no comprende entonces el más profundo significado del arte, es que el sistema ha podido con usted, lo han descerebrado, está muerto.

– ¿Sabía que Hamsun fue acusado de simpatizar con los nazis?

– Simpatizaba con ellos tanto como yo, que me negué a ir a la guerra, y les dije a los militares que ya tenía bastante con evitar que me volasen los cojones los polis de mi propio país. Entonces me dijeron que yo no era un patriota y yo les dije que no, que por supuesto que no, porque los únicos patriotas que teníamos en América eran los ricos, que eran los únicos que podían perder algo si el país se hundía. Y aquellos me mandaron al psiquiatra, que me preguntó si yo era uno de esos pacifistas o algo por el estilo. Y yo le dije que sí, aunque ya tenía en mi ficha más de veinte detenciones por liarme a hostias en los bares, conducir borracho o disparar con un rifle contra los yates del puerto.

– ¿Eso hacía usted?

– Bueno, disparaba bajo la línea de flotación. El caso es que el tipo aquel puso en mi ficha «loco». No esquizofrénico o psicótico delirante. Escribió «loco» y yo me quedé en casa y no fui a la guerra.

– También presumía usted de sentarse frente a la máquina de escribir y ver cómo ella hacía todo el trabajo.

Fotograma de la película «Born into this»

– Sí. No sé lo que significa pelear con palabras. Podía sentarme o no sentarme. Si lo hacía, todo brotaba con facilidad.

– ¿Incluso en sus etapas de mayor penuria?

– Si uno tiene que crear lo hará aunque trabaje 16 horas diarias en una mina de carbón, mutilado, demente, ciego o con un gato subiéndole por la espalda mientras la ciudad se estremece ante un terremoto. Recuerdo un día que mezcle ron con absenta cuando ya estaba borracho de vino y…

¡Flop!

Amanece.

Todo se inunda de luz, quizá por efecto del vodka, como si hubiesen encendido un mechero gigante.

Adiós a Bukowski. Recojo mis notas.

Adiós, adiós. Y «gracias por todo». «A usted».

Adiós.

Deja un comentario