«Siegel hacia grandes películas, buenas películas o películas simplemente divertidas, pero nunca malas películas». (Robert Rossen)
«De él puede esperarse todo ¿Quién sino Siegel puede rodar en un mismo año un film tan fascinante como «El seductor» y algo tan odioso como «Harry el Sucio«. (Arthur Penn)
Hablamos con el muy agradable fantasma de Don Siegel.

– ¿Qué opina del comentario de Arthur Penn?
– Nada, siempre que no tire a la basura otros aspectos del film. Mire, nadie en su sano juicio podría tildar de reaccionario a Raoul Walsh. Pero el dirige «Murieron con las botas puestas» y acepta falsear un hecho histórico. Nos convierte a un hijo de perra como el general Custer en poco menos que un mártir. Bien, yo puedo ver la película y decir: «Es un magnífico western reaccionario. Su técnica es prodigiosa. Aquí tenemos un gran equipo al mando de un extraordinario director. Lastima que tanto talento no esté al servicio de un mensaje, digamos, más honesto».
– ¿Aceptaría que dijesen eso de «Harry el Sucio«?
– No, porque el mensaje de mi película es honesto.
– Caramba. Pues, por mi parte, después de ver «Código del hampa» y «Brigada Homicida«, Harry el Sucio fue un autentico shock.
– Porque usted piensa que el personaje que encarna Eastwood no está legitimado para usar de esa forma la violencia. Usted habla de la corrupta sociedad que genera bolsas de pobreza, y hasta es posible que se comprometa con algún tipo de actividad que intente cambiar las cosas, pero cuando uno de esos marginados le revienta el coche usted acude a la policía.

– Y no me importa que un tipo como Harry, saque la Magnum y...
– No ironice con esto. Esa película es lo que yo llamo un film espejo. Y como sabe fue un gran éxito de taquilla. Los críticos como Arthur Penn deberían enjuiciar al público.
– ¿Realizó el film pensando que gratificaría a amplios sectores del público?
– ¿Que tipo de pregunta es esa? Realice el film pensando que era un reto. Mire nuestras sociedades engendran dos tipos de individuos: los que tienen cosas y los que no las tienen pero quisieran tenerlas. Y los problemas empiezan cuando estos últimos pierden la paciencia. Ya sabe, un mal día empiezan a plantearse de que diablos sirve una democracia si uno carece de algo tan básico como una casa con jardín y un par de coches. Y no hay que quitarles razón cuando piensan que si han de aterrizar en el sepulcro sin haber acumulado otra cosa que horas de trabajo, mejor estarían en un país comunista donde al menos les darian medallas. Usted sabe lo incómodo que resulta subir al yate con media docena de amigas cuando alguien le mira con ojos turbios. Usted puede hablarles del juego democrático, la libre empresa y la justicia social, pero si las miradas siguen virando al rojo, hará bien en recordarles que los policías como Harry están de su parte. Alguien puede dudar del talante democrático de un tipo que usa el yate cuatro días por semana. Pero pocos dudarán del talante democrático de un policía cuya Magnum no hace distinción entre un negro del Bronx, un pandillero chicano o un psicópata de mala muerte, que son al fin y al cabo, los restos sociales que los tipos como usted van creando.

– Pues, ahí lo tiene. Un matón a sueldo del sistema. Un matón que enseña el revólver antes que la placa, que presume de esquivar la legalidad y que siempre se sitúa junto a la clase dominante.
– Y millones de espectadores aplauden sus correrías en lugar de hundirse en la butaca; lo que demuestra que millones de espectadores sueñan con tener un yate. Le contaré una anécdota. En una pequeña población de Kansas el film se mantuvo un solo día en cartel. Allí presumían de no haber estrenado su «nueva» carcel. Un pequeño antro adosado a la oficina del sheriff. Decían que nadie había pisado esa celda en los últimos cuarenta años. Era una de esas poblaciones donde todo el mundo conoce la vida de los demás. También presumían de llevar una buena proporción de sangre Kiowa en las venas y mantenían la costumbre de llamarse «Kaitsenkos», «los hermanos». El propietario del viejo cine devolvió las latas de la película diciendo: «Mire, usted, es que aquí esas historias del policía y su pistola se las pasan por los c…»
Ángel García Del Val
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