«Todos los jugadores son en el fondo perdedores y la personalidad de esos perdedores, de esos vencidos, de esos seres que viven destruyéndose, me fascina». (Sam Peckinpah)
«Los héroes de Peckinpah se han acostumbrado a la muerte y la derrota, ya no tienen nada que perder, no les queda ninguna ilusión. Representan la aventura desinteresada». (Bob Dylan)

Trabaja como guionista y realizador en series de televisión hasta que gracias al actor Brian Keith puede realizar un primer film: «Compañeros mortales«. Con él inicia una serie de violentos altercados con la industria que, desgraciadamente, tienen como fondo tres de sus mejores películas.
Queda la excepción de una extraordinaria segunda obra: «Duelo en la Alta Sierra«, rodada en idílica libertad y que pasará desapercibida en USA, siendo recibida por la crítica de Francia e Inglaterra como la «brillante hazaña de un cineasta que renovaba el western«.

El fantasma de un buen alcohólico y Peckinpah fue de los mejores, tiene en su «frente» un punto rojo. Su nivel astral, el campo de amapolas que dicen los videntes, se matiza aquí y allá con briosos destellos púrpura.
– Usted nace al pie del monte peckinpah, mestizo de india, y dice haber tenido la inmensa fortuna de haberse criado en plena naturaleza.
– Una inmensa fortuna, sí. Pero no hablemos de eso. Ustedes ya no comprenden lo que significa para un niño un bosque lleno de Vida. (Pausa) Deje que le cuente una anécdota, ya en los años sesenta, estaba bebiendo con Slim Pickens en un pequeño bar de Tulsa. En el televisor apareció un coyote. Un niño de cinco años que permanecía atento a la pantalla, le gritó a su padre «¡Donde más animales aparecen es en el televisor!». Era su gran descubrimiento del día y su voz temblaba de emoción.
– Algo patético.
– Muy triste, sí.
– Hábleme de “Duelo en la Alta Sierra” ¿Cómo fue el rodaje?

– Pues… No necesité el alcohol. (Risas) ¡Aquel maravilloso paisaje! Lucien Ballard me dijo que nunca había sido tan feliz. Creo que eso mismo les ocurría al resto del equipo.
– ¿Le sorprendió la acogida que tuvo el film en Europa?
– ¿Se refiere a la crítica? … Bueno, fue gratificante (Risas). Tenía que haber visto la cara de Joel McCrea cuando leyó que “en su parquedad gestual se intuía el origen de su íntimo desclasamiento”.
– A medida que usted se acomoda a la industria, sus filmes se hacen menos interesantes. El artificio técnico parece invadirlo todo. Se diría que hace películas por mero afán de lucro.
– !Humm!
– Es curioso. Si Duelo en la Alta Sierra hubiese sido su último filme, se habría dicho que culminaba su carrera con una obra madura, muy reflexiva. Ya sabe, hablarían del retorno al clasicismo y todo eso.
– Comprendo. Los críticos me hubiesen perdonado la vida.
– Sobre todo teniendo en cuenta que sus últimas películas, desde “Aristócratas del crimen” a “clave omega” son bastante indigestas.
– ¿Que quiere que le diga? A partir de los sesenta, la industria del cine norteamericano es capaz de reventar a cualquiera. Los productores son ahora expertos en marketing y «cálculo estadístico indiferenciado». Trabajan frente a la pantalla de un ordenador y se rodean de tipos que han ido a la universidad para estudiar algo que relacione los medios de comunicación con el dólar. Debí instalarme en Méjico como Boetticher y rodar películas con los amigos. No es que intente justificarme pero piense en las últimas películas de Delmer Daves, Ray, Hathaway…
– En ese sentido, su último gran filme es muy revelador. Me refiero a «Quiero la cabeza de Alfredo García«.

– Me dejaron intervenir en el guión…
– Y de nuevo un perdedor de mala muerte abriéndose paso a tiros por su querido Méjico. Usted vuelve a la concisión en el diálogo y a esa eficaz narrativa de «Duelo en la Alta Sierra«.
– Era un film desesperado. ¿Recuerda ese plano final con el cañón de la metralleta al rojo vivo? Asumieron que era una especie de homenaje a Sam Fuller. Pero en realidad estaba manifestando mi más profundo desaliento. Sabía que nunca volvería a rodar un final como el de «Duelo en la Alta Sierra«.
– Uno de los finales más bellos de la historia del cine.
Un ligero estremecimiento recorre la parte superior del fantasma.
¿Ha visto usted el monte Peckinpah? (Pausa). A finales de otoño, cuando el sol se sitúe en su vertical, parecerá una llama gigante. En otros tiempos los indios ayunaban en su cumbre en busca de visiones. “Allí buscaré mi último duelo” escribió un poeta comanche. “El joven halcón sobrevuela la montaña respirando la limpia brisa del crepúsculo”.