FANTASMAS DEL CINE: Charles Chaplin «El olor del pobre»

«Los pobres son la imperfección de los gobernantes». (Robert Louis Stevenson)

«Yo aceptaré a un rey, cuando a las fiestas de su palacio puedan entrar los más pobres del reino. (Rabindranaz Tagore)

Alguien ha comparado su talento al de Shakespeare, Víctor Hugo e incluso Cervantes.

Para Sadoul fue «el genio más fabuloso jamás creado por el cine».

Fotograma de la película «El vagabundo»

Charles Spencer Chaplin es ahora un fantasma con forma de mariposa; el centro amarillo pálido, los contornos de un azul evanescente.

-Mack Sennet le dió su primera oportunidad en el cine ¿Cómo fue su relación con el?

– Muy tensa al principio. El era un gran cineasta, pero desconfiaba de los que, como yo, siempre estaban planeando cosas nuevas. A él le gustaba exprimir una fórmula, hasta que el público decía: ¡Oh, bueno, ya basta de eso!

– Y en un momento dado Hollywood se lo quitó de encima.

– Pensaron que ya no tenía nada que decir. Pero también eliminaron a Griffith que decía demasiadas cosas. Ellos se pasearon por los estudios casi implorando un trabajo.

-¿Cómo era Hollywood entonces?

– No era difícil encontrar una oportunidad, la gente quería más y más películas. Pero podían colgarte con facilidad una etiqueta, y la peor era: «Ese tipo que nos hizo perder dinero».

Imagen publicitaria de la película «El chico«

– Usted es considerado, al fin, un valor seguro. La First National le ofrece un millón de dólares y…

– Y a partir de entonces el mundo se me viene encima. Todo lo que yo hacía tenía una repercusión enorme. Me vi obligado a leer mis guiones frente a un grupo de abogados.

– Eso es nuevo.

– (Risas) Ya ve. Ellos tomaban notas y al final decían: «Mire, señor, quizá traguen con esto en San Francisco, pero en Nueva Orleans…».

– Y, sin embargo, a partir de entonces sus films son más corrosivos. ¿Era consciente de estar arriesgando algo?

– Bueno, en Hollywood te pueden cerrar todas las puertas de la noche a la mañana. Y estaba ese sector que decía: «No dejen que se ponga demasiado serio». Pero me sentía respaldado por el público.

– ¿Es cierto que vivío obsesionado con la idea de volver a ser pobre?

Fotograma de la película «La quimera del oro«

– Eso es algo que solo puede comprender quién ha sido realmente pobre. (Pausa) El dolor del hambre, la continua humillación… ¿Sabe lo que significa el absoluto desamparo? La miseria tiene olor, es el olor de lo que enferma, de lo que muere. Y ese olor te acompaña toda la vida.

– ¿Pensó en alguna ocasión ser un hombre de suerte?

– No existe la suerte. Usted se sitúa frente a la oportunidad en el momento preciso. Eso es todo.

– ¿Eso es determinismo?

– Es conocimiento.

– La filosofía de Monsieur Verdoux.

Cartel de la película «Monsieur Verdoux«

– Sí, por eso él acepta la muerte con resignación.

– No sé que otra cosa podría hacer.

– Desesperarse, maldecir, hundirse.

– ¿Se identificaba usted con él?

– Me identificaba con todos mis personajes. Nunca he sabido trabajar de otra forma. No comprendo que un actor pueda distanciarse de su personaje. En cuanto a esos que dicen meterse en la piel de Enrique VIII… Aún así, Monsieur Verdoux es mi film más alegórico.

– Hábleme de su supuesta rivalidad con Buster Keaton. ¿Existió tal cosa?

– Sentí por ese hombre la más justificada de las envidias. Fue, sin lugar a dudas, el mejor cómico que ha conocido el cine.

– Y que muere «alcoholizado, con el alma destrozada» que escribe un familiar.

– Y con la admirable dignidad del hombre incapaz de pedir ayuda a los que tanto le debían.

– También usted vive momentos muy difíciles cuando ya es uno de los artistas más ricos y famosos del planeta. Hábleme de su viaje a la isla de Bali.

– Bajo los efectos de una absoluta depresión. Puede imaginar el impacto de aquel paraíso de bosques milenarios y gentes afables y sencillas sobre una mente que se cree maltratada por la civilización. Los niños corrían espontáneamente hacia uno, para que los tomase en brazos.

Al pasear por aquellos prados multicolores, uno debía descalzarse y evitar pisar florecillas, qué según los nativos, tenían la cualidad de todas las niñas de la tierra.

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