FANTASMAS DEL CINE: François Truffaut «El pequeño salvaje»

«Las instituciones sociales buenas,son las que mejor saben borrar la naturaleza del hombre, privarle de su existencia absoluta, dándole una relativa, y trasladar el yo, la personalidad, a la común unidad». (Emilio, o De la educación, Jean-Jacques Rousseau)

«El hombre honesto es siempre un niño» (Sócrates)

«Hago películas para realizar mis sueños de adolescencia, para beneficiarme a mí mismo y, si es posible, hacer bien a los demás» (François Truffaut)

Fotograma de «El pequeño salvaje»

Paseamos con el fantasma de Truffaut, por un pequeño parque repleto de niños.

– Usted hablaba de su infancia como un penoso «Vía Crucis» cuya redención se opera gracias al cine.

– Mis padres eran infelices en su matrimonio. Yo evadía el desapacible contexto familiar entre libros y salas de cine. También la escuela era un marco frustrante y represivo.

– A los catorce años sus padres lo internan en un correccional de dónde sale gracias a las gestiones de André Bazin.

– El se encontró con un niño violento y mordaz que parecía odiar a todo el género humano, le abrió las puertas de su casa y siempre lo trató con afecto. Su influencia sobre mí fue decisiva.

– Usted escribió que en su presencia, a su contacto, «asombrado de tal pureza, era imposible no darle lo mejor de uno mismo».

– Su secreto era la bondad y la bondad es quizá el secreto del genio.

– Usted vive en el hogar de su protector hasta que un desengaño amoroso le lleva a alistarse en el ejército.

– Fui destinado a un regimiento de artillería en el norte de Alemania y no pasé mucho tiempo sin visitar el calabozo. André tuvo que interceder ante las autoridades militares, que decidieron darme de baja por «inestabilidad de carácter».

– Del «enfant terrible» de la crítica de cine en revistas como «Cahiers«, usted pasa a convertirse en un afamado director gracias a «Los cuatrocientos golpes» film que usted califica de «exorcismo particular».

Cartel de la película «Los 400 golpes»

– Sí. Esa película tiene un acusado carácter de arreglo de cuentas. Es quizá mi película más amarga y violenta.

– Hablame de «El pequeño salvaje». Aquí un doctor intenta educar a un niño que ha crecido en los bosques como un animal. Usted y Jean Gruault escriben el guión basándose en hechos reales.

Cartel de la película «El Pequeño salvaje»

– Sí. En 1798 fue capturado en el bosque de Lacauré en Francia Central, un niño salvaje, (Víctor de Aveyron) de once años de edad. Jean Itard, por entonces director del instituto de sordomudos de París, tuteló su educación. Dos de sus informes ilustraban los nueve primeros meses de trabajo con el niño.

Fotograma de » El pequeño salvaje»

– Ustedes acordaron en principio que no intentarían rodar una película sobre un caso clínico.

Sí. Nuestro interés se centraría en ciertos aspectos del proceso educativo, como el intento de dotar al niño de un lenguaje propio.

– El film parece simpatizar con esa tradición racionalista que se enfrenta a la visión del hombre natural mantenida por Rousseau.

– Bueno, Itard es un racionalista. El cree que el niño será más libre integrándose en la civilización. De ahí que asuma el derecho al castigo.

– El niño se ve obligado por Itard a permanecer en un cuarto oscuro, provocando su primera manifestación de llanto. Al anotar el incidente en su diario, Itard parece conmovido.

– En realidad teme dejarse llevar por sus sentimientos que le empujan a aceptar al niño como es.

– Por qué no profundizó usted en ese aspecto?

– Por desconocimiento.

– Y, sin embargo tenían un componente histórico muy sugestivo. Itard se consideró…

– Fracasado, sí. En realidad lo único que demostraba un informe de Lucien Malsón sobre 52 casos de niños salvajes, es que nunca se adaptaron a la sociedad. Pero el aspecto más descorazonador del tema es que tampoco los investigadores aprendieron mucho de ellos. Vista la imposibilidad de que los niños se civilizasen, dieron carpetazo al asunto alegando supuestos tan banales como «una deficiencia biológica».

– ¿Y que me dice de Madame Guerin, a cuya tutela quedó Víctor?

– Ella protagonizó la parte más emotiva de aquella historia. Cómo sabe vivió con Víctor casi treinta años. Pocos meses antes de su muerte, escribía que se limitó a dejarse llevar por el corazón y que nunca se había sentido tan comprendida y amada por otro ser humano. Que nunca venció su resistencia a meterse en un teatro o en una sala de conciertos y que él «quizá por que no insistió demasiado», tampoco venció la suya a internarse en su querido bosque.

Para Imanol Zumalde Arregi, con el afecto de siempre.

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