A propósito de Cada ver es… Juan López Gandía y Pilar Pedraza

A PROPÓSITO DE CADA VER ES*

JUAN LóPEZ GANDÍA y PILAR PEDRAZA

Desde que vimos la película de Ángel García del Val titulada insidiosamente Cada ver es, cada vez que pasamos por delante de la Facultad de Medicina y atisbamos por entre las rejas de sus invisibles semisótanos, tenemos la sensación de que la realidad es más rica de lo que nos dejan ver. Un día en que espiábamos estas invisibilidades pensando en el héroe del filme, Juan Espada, casi nos estampamos contra su persona -menos imponente en la vida que en el arte, como siempre ocurre, pero interesante de todas Formas-. Y nosotros, que no somos fetichistas de las personalidades ni rendimos culto a los fantasmas fabricados por los mass media, estuvimos en un tris de pedirle un autógrafo. No por su papel en la película, sino por su papel en la vida,aunque en este caso las fronteras entre la realidad y la ficción no estén claras y sea necesario dar algún rodeo hasta encontrar el quid de la fascinación que ejercen sobre nosotros los dos objetos: la película de García del Val y el universo de Juan Espada; esto es, el texto fílmico y el reino inerte de los muertos.

Cementerio de los Capuchinos, Roma 1870. Atribuido a los Hnos Alinari (Fragmento)

Juan Espada es ayudante del forense de la Facultad de Medicina de Valencia. Sus tareas consisten en conservar en buenas condiciones los cadáveres que recibe para las prácticas de los estudiantes, manipularlos, hacer preparaciones anatómicas y toda clase de disecciones: la suya se nos antoja una labor emparentada con la de un escultor. Le gusta su trabajo, es un artista en él, carece de olfato y no le interesa el cine. Él, con su melena gris y sus ojos estrábicos, y los muertos que maneja, constituyen el punto de partida del viaje del director del filme a los infiernos, el material bruto que ha rodado su cámara. La película tiene el inconfundible aire underground que da la escasez de medios económicos, lo cual se nos antoja uno de sus muchos atractivos, porque su cutrez textual se adecua perfectamente a la de sus materiales y a la mugrienta filosofía de ultratumba que ha ido elaborando el protagonista a lo largo de sus muchos años de trato con despojos humanos. García del Val se ha quejado en alguna ocasión de estas penurias, pero puede felicitarse por haber sacado tanto partido de ellas, del mismo modo que lo sacara Almodóvar en su primer largo, o Paul Morrisey en sus filmes de vertedero. Mejor dicho, por haberles dado la vuelta y convertido en esclavas del estilo.

Kurt Schwitters, el dadaísta de Hannover, hacía collages con desperdicios encontrados aquí y allá,
hace un montón de años. Ahora parece que está poniéndose de moda la escultura efímera hecha con
basuras. Vivimos en una sociedad de hiperconsumo en la que la basura se ha convertido en un problema; no resulta extraño que se comience a rendir cierto culto al desecho y que los artistas, que son nuestros intérpretes y profetas, capten el fenómeno y produzcan en consecuencia. En este caso. García del Val ha tomado como objeto de su cámara y de su reflexión el desecho más horripilante, el cuerpo humano muerto, Y ha trabajado con su imagen como Schwitters con sus basuras: haciendo un collage. Su película nada tiene que ver con el género llamado de terror -sólo algunos guiños de angulación de la cámara sugieren una remota relación con él- y muy poco con el documental. Esto último, por otra parte, afortunadamente, porque es precisamente el carácter no documental de la película lo que hace que el espectador siga sin pestañear el impreciso discurso de Espada y sin vomitar la mostración obscena de toda clase de restos indescriptibles.

Músculos faciales fijados por una inyección de alcohol Formalin. 1904 -1905. Anónimo

Como todo collage artístico y no de mero aficionado, el que nos ocupa posee una estructura férrea, una coherencia interna, consistente, a nuestro modo de ver, en una progresión de la degradación del cuerpo humano por una parte, y una elevación del tono del discurso de Espada de lo personal a lo metafísico, por otra. En cuanto a lo primero, el director nos agrede en los primeros minutos con unos planos escalofriantes del sanatorio psiquiátrico de Bétera y de los enfermos que lo habitan. De ahí nos hace pasar a los muertos conservados intactos en formol, Y luego a una serie de mutilaciones y troceamientos que dan como resultado amasijos casi irreconocibles. Es una progresión a peor, pero no una regresión, porque los locos de Bétera – mostrados como zombies, como muertos vivientes- nos aterran mucho más que los plácidos muertos-muertos que esperan en una fosa de formol que les llegue el turno de ser descuartizados, y éstos más que los inertes cadáveres hechos pedazos que a veces Espada cose pacientemente y otras se limita a arrinconar por ya inservibles, y que no tardarán en hallar el reposo absoluto.

En cuanto al discurso de Espada, que no es un simple carnicero sino un curioso filósofo, es medular, sin anécdota -porque las pocas anécdotas que cuenta son universales, esenciales a su papel en el filme y en la vida-. Sus aparentes trivialidades encubren -descubren- un magma hirviente de sentido, mientras que sus concepciones más generales resultan absolutamente tópicas. García del Val ha trabajado con precisión esa cháchara a la hora de sentarse a la mesa de montaje,ha dosificado y repartido la dinamita en los lugares adecuados. Y es precisamente en esa labor de montaje visual Y sonoro donde reside el salto del documental a la reflexión del artista que ordena sus materiales y da su punto de vista, que engloba al de Espada y lo ironiza hasta extremos casi sarcásticos. El manipulador de restos humanos es manipulado y troceado en su discurso por García del Val, que ofrece su preparado fílmico al espectador como Espada su preparado anatómico a los estudiantes de Medicina y en la película a los espectadores mismos.
Porque, ¿Cuál es la tarea del director cinematográfico, en definitiva, sino la de servirnos en las mejores condiciones posibles un conjunto de pedazos inertes, de desechos a los que nosotros dotaremos de movimiento y de sentido?

Llegados a este punto, nos vemos tentados de comparar el vampirismo de García del Val respecto de sus materiales humanos – vivos y muertos- con el de Wim Wenders en Ughting over water (Relámpago sobre el agua. 1980) con los suyos. Wenders fotografía – ficciona- la agonía de Nicholas Ray, distanciándola y jugando con los niveles de la enunciación del mismo modo que García del Val con el universo quimérico de Juan Espada y con los cadáveres que nos muestra. En ambos casos se nos dejan ver cámaras, micrófonos y demás utillaje, pretendiendo que los tomemos por instrumentos de producción cuando en realidad, en el plano, no son sino atrezzo: el directo riza el rizo del documentalismo y, en unos alucinantes juegos de trompe l’oeil, nos hace guiños; suntuosos en el caso de Wenders, modestos en el de García del Val por razones monetarias. En ambos casos el fundamento último del texto es el collage, de infinitas capas en el primer caso, de dos o tres en el segundo, sin que en ninguno de los dos falte la cita cinéfila-necrófila-literal de otros filmes.

Restos del cuerpo de una muier hallados en Pompoya. 1865. Giorgio Sommer


Toda comparación es odiosa, pero en este caso nadie pierde. El collage de Wenders es un ejercicio de preciosismo impecable, que casi alcanza sus propias – maniáticas- expectativas. El de García del Val resulta a su lado más pobre, pero
también más productivo, en parte porque juega con ventaja: tener
como objeto no la agonía – de un hombre, de un director, de un
tipo de cine- , sino la muerte. Y no ya la muerte, fetiche supremo de toda cultura, sino el muerto, el despojo, y su manipulador.

Porque el margen «si eso es posible» del texto fílmico, y al margen de su personaje nos interesa el hombre que lo encarna. Juan Espada, sacerdote y buitre, es un héroe subterráneo al que el trato asiduo y cotidiano con los muertos convierte en maldito como al verdugo y al enterrador y a la vez prestigia y sitúa por encima de todos nosotros, de algún modo.
Él ve y toca muertos todos los días, cosas poco frecuentes en las sociedades urbanas occidentales de hoy, en las que el hecho -y sobre todo el desecho- de la muerte son cuidadosamente hurtados a nuestra contemplación del mismo modo
que lo era hasta hace poco la desnudez. Conocemos la muerte, atrozmente trivializada, a través de los medios de comunicación de masas; una muerte fotografiada, filmada, televisada, es decir, inexistente. Oímos hablar de ella, sabemos que la gente muere a montones de una manera o de otra, pero un sutil escamoteo nos la hurta continuamente. Diligentes organizaciones se encargan de borrar sus efectos y retirar sus detritus, del mismo modo que otras se encargan de hacer desaparecer las basuras.
No serán escasas las personas que vean por primera vez auténticos cadáveres reducidos al estado de mera carne precisamente en la película de García del Val.

En el mundo de la producción, del consumo y de la prisa, no hay lugar ni tiempo para conjurar el espíritu de los muertos y su malicia: simplemente, se les hace desaparecer limpiamente.
Los cadáveres corrientes, pura materia inservible, in-significante, reducida a la abyecta soledad de lo mineral pero agresiva en tanto hirviente de corrupción, no sirven absolutamente para nada. Como escribe Baudrillard, no provocan ninguna ilusión, están fuera del intercambio simbólico, fuera de circulación, carecen de máscara. Son, sin embargo, perpetuos signos de interrogación para los vivos y, por lo tanto, interesan.

Pero interesan sobre todo si son puestos en escena, porque entonces pierden la ausencia que les caracteriza y devienen personajes: recuperan la máscara y con ella la capacidad de seducción. Prueba de ello es la vigencia, en el cine de terror, del muerto viviente en sus distintas variedades, desde el vampiro aristocrático al zombie purulento, si bien en este caso el cadáver, paradoja suprema, está vivo, aunque con
una vida prestada, viscosa y maligna. En este sentido, es curiosa la evolución que se está produciendo en la iconografía del zombie, que se nos muestra cada vez más putrefacto en un intento desesperado de que creamos que está muerto.

Los cadáveres de García del Val tienen en escena una presencia diferente, pero no son muertos corrientes, sino muertos dentro de una película, es decir, también personajes. Complementos imprescindibles del discurso de Espada y del director, nos condenan una vez más a no traspasar los limites que nos separan de ellos.

El buen cine de terror suele arropar a sus muertos en un aura ambiental fastuosa, o al menos rodearlos o impregnarlos de cierta hermosura, y no sólo para utilizar el recurso del contraste, sino sobre todo para realzar su belleza o para sustituirla y desplazarla en el caso de que los mostrados sean espantosos. La unión de la belleza y el espanto, la belleza de lo espantoso, no es un juego de palabras ni un contrasentido, ni siquiera un tópico; es una «realidad» que nos ha legado «en el caso de Occidente» el Romanticismo. En la película de García del Val, que no es de terror pero sí de muertos, esa belleza aparece abundantemente,
aunque concentrada en muy escasos, pero intensos, momentos. Bellísima es, por ejemplo, la cabeza de muchacha que Espada conserva en formol, que nos es mostrada primero en unos planos de perfil y cuya plenitud nos inquieta hasta que la cámara, después de habernos hecho esperar largo rato, nos da cuenta de que se trata de media cabeza, limpiamente rebanada por un meridiano atroz. Objeto indecible, meduseo, flota en sus líquidos serena y dulce como un perfil prerrafaelista, y Espada nos informa de
que la conserva porque le gustó su color -capricho de artista.
Otra de las bellezas siniestras del filme y que impresiona como pocas, es la fosa en la que son conservados los muertos. Estrecha y oscura, contiene gran número de ellos, apiñados, desnudos y blancos, deformados por la rigidez y por la permanencia en el líquido. Son extraídos de ella -vemos a
Espada sacar un gordo cadáver de mujer madura- con una especie de polea. Ni éstas ni otras imágenes espeluznantes «teóricamente espeluznantes» dejan de parecernos bellísimas en su miseria, y esos muertos aplastados, rígidos, defor-
mes son hermosos en su pétrea serenidad.

Hasta aquí nuestras impresiones porque no pretendemos que sean otra cosa. Hemos renunciado a la pretensión de trocear analíticamente este filme hecho de trozos, porque ante el collage se impone un acercamiento sintético; de lo contrario, se corre el riesgo de que los pedazos le impidan a uno ver el exquisito cadáver.

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* Reüll. lnformació d’Art i Cultura Visual, n° 6, Valéncia , Departament
d’Estética, 1984.

Banda aparte. Formas de ver
(Ediciones de la Mirada) La digitalización de este artículo se enmarca dentro del proyecto «Estudio y análisis para el desarrollo de una red de conocimiento sobre estudios fílmicos a través de plataformas web 2.0», financiado por el Plan Nacional de I+D+i del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (código HAR2010-18648), con el apoyo de Biblioteca y Documentación Científica y del Área de Sistemas de Información y Comunicaciones (ASIC) del
Vicerrectorado de las Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones de la Universitat Politècnica de València.

Reserva de todos los derechos (NO CC) http://hdl.handle.net/10251/42286
A propósito de Cada ver es… Juan López Gandía y Pilar Pedraza

IMANOL ZUMALDE ARREGUI: Sobre «El sueño de Cristo»

De parte IMANOL ZUMALDE ARREGUI

«Luego de acometer en su inhóspito Cada Ver Es … (1981)la representación de lo irrepresentable (la muerte), Ángel García del Val ,tras una travesía en el desierto que se ha prolongado más de 15 años, vuelve a colocarse tras la cámara para abordar la historia (la de Jesucristo) más frecuentada en occidente. El movimiento pendular descrito por ese recorrido vital y artístico parece indicar un tránsito desde las antípodas del Underground al cálido y complaciente terreno de la ficción normalizada, muy acorde con la parábola del hijo pródigo. No obstante, la realidad es muy otra, dado que en El sueño de Cristo permanece intacta la ruda aspereza que trasciende de toda la obra cinematográfica del autor que le precede. Inclemencia y acritud que en este caso no se manifiestan, como antaño de modo ostensible (en el dispositivo plástico que le da forma) sino en el trasfondo que subyace a ese acogedor discurso que, ahí es nada, pone en cuestión el mito con el que el catolicismo ha orlado la figura de Jesús de Nazareth.

Fascinado por el hombre y refractario al mito cristiano de Jesucristo, García del Val descubre al revolucionario que no duda en recurrir a la violencia para salvaguardar a su pueblo del invasor romano. Este blasfemo concepto, ya se ha dicho, está encofrado en el seno de un discurso excepcionalmente bello,en el que la banda de imágenes retrata,como pocas veces una cámara cinematográfica ha captado, los vaivenes lumínicos de la naturaleza, y en el que la banda sonora recita un esplendoroso texto obra del propio cineasta inspirado en algunos poetas que le son cercanos: Tagore, Withmam, Juan Ramón Jiménez, Krishnamurti

La operación estética de García del Val pivota en el hecho de que buena parte de la carga narrativa descansa sobre el texto declamado por la voz en off (en otra elección sublime, los personajes hablan excepcionalmente y, cuando lo hacen, nunca lo harán de cara a la cámara) circunstancia que le permite conferir a la imagen una libertad exótica en el cine convencional. Exoneradas las responsabilidades narrativas, la imagen se consagra a retratar las genuinas mareas de luz solar que, con cadencia casi marina, percuten contra los acantilados de roca de las montañas».

CADA VER ES… <Diálogo con la muerte>

Experiencia límite en el cine de terror.

Sigfrid Monleón

Un discurso límite sobre la muerte.

Juan Miguel Company

La representación de lo irrepresentable (la muerte)

Imanol Zumalde Arregui

Al margen de varias corrientes y diríamos que en tierra de nadie, se encuentra Ángel García del Val, realizador de Cada ver es… un experimento radical e insólito, y más en este pequeño desierto cinematográfico que es Valencia, de inconfundible aire Underground.

Todo el mundo menta a los muertos, pero pocos se atreven a mirar a su cara. La cultura moderna los ha tenido como punto de referencia de su filosofía, y los periódicos los exhiben como botín de primera página.

Sin embargo son tabú. Dan miedo. Y cuando García del Val pregunta a Espada si les tiene cariño, éste le dice que sí y aclara que los muertos se mueven. Ésta última afirmación inmoviliza a la sala, dejándola en un estado fiebroso de indefensión moral.

La cámara de Del Val y también de Montes, funciona aquí como un ojo impúdico que acaricia cadáveres como podría hacerlo con un recién nacido. En realidad los muertos son una excusa para pensar en lo que no tiene rostro. En la muerte. Y Espada, con su desbordante humanidad, es la inocencia en medio de tanto horror. Este hombre, que se muestra jubiloso con su soledad, <es un nombre bonito> afirmará entre seres tumefactos, es el ángel de la muerte.

Hay que decir que nos encontramos ante la película más importante e insólita del cine valenciano de ahora mismo.

Lo que podría quedarse en un reportaje de altura se convierte por obra y gracia de una obsesión, en una película de ficción y de horror y en un discurso filosófico, por cotidiano.

Ingredientes que a buen seguro pueden indigestar a muchos, pero que lanza al <voyeur> de la butaca a un océano de inquietudes y recelos. García del Val ha dicho que el tema salió por casualidad, porque no tenía dinero para rodar otra cosa. Él es un creador que no obtendrá subvenciones. Su cuento es demasiado horroroso. (Abelardo Muñoz)

<DUDAS Y MÁS DUDAS : ¿ES POSIBLE REPRESENTAR El TRAUMA?>

A comienzos de los ’80 aparece uno de los films que pasarán a formar parte del listado de películas malditas del cine español Cada ver es…(Ángel García del Val 1981). Esta historia sobre Juan Espada del Coso, encargado del cuidado y preparación de los cuerpos empleados por los estudiantes durante sus prácticas en la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia, ha sido considerada: <la manifestación última de una cultura fundamentada en la memoria y (el) devenir implacable del tiempo, incapaz de asumir la vida como un eterno presente en el que también hubiese lugar para la experiencia de la muerte>. En el film parece argumentarse que la muerte, entendida como <la conclusión o cese de algo interior invisible>, también puede darse en vida: el protagonista se referirá constantemente a su soledad (en parte elegida, pero también producto de los prejuicios que despierta su profesión) y a la monotonía que rige su vida, justificada por el constante recuerdo (cuando no presencia) de la muerte. Desde ésta perspectiva el protagonista sería interpretado como el paradigma de toda una sociedad, propiciando una de las lecturas posteriores que se han hecho del film como el de <un homenaje a aquella España que se vió confinada por la insurrección fascista al gélido letargo de una muerte en vida>.

Sin embargo_ y remitiendo a ésa posibilidad enunciada por Josetxo Cerdán de considerar al film <una multitud de películas>_, nos permitimos introducir un matiz interpretativo que permite describir está historia como la puesta en evidencia de la imposibilidad de representar la muerte y el trauma sin mediaciones y, por tanto, como un cuestionamiento de la representación todo tiempo pretérito escabroso.

La representación alterada de la muerte en Cada ver es… Se corresponde con la imposibilidad que ésta alcance la visibilidad de un modo convencional por lo que de traumático tiene dicho suceso. Sí, por una parte, el testimonio del protagonista nos sitúa _en lo que dicho testimonio tiene de ordinario_ en la consideración de la experiencia como algo individual pero a la vez colectivo (sus recuerdos de infancia, su participación en la guerra que, en ese contexto, podría remitir a esa popular definición del recuerdo como fracción de vida congelada en el tiempo, en formol) es tan sólo para devolvernos a la contemplación de la excepcionalidad de una vida dedicada a la muerte, un espacio donde nos encontramos incapaces de entrar pero del que participamos a través del trauma. Pués <la fuerza destructiva que la historia impone a la psique humana>, concretada en la situación de la historia como <una repetición sinfín de la violencia precedente>, se materializa en la presencia corporeizada, constante y repetitiva _pero sobre todo fragmentada y mediada_ de la muerte en el film; y ello no sólo por medio de los cadáveres que aparecen en escena sino también del protagonista, que parece participar de dicho estado.

<Impresionante crónica sobre la vida y obra de Juan Espada del Coso encargado de la morgue del Hospital Clínico y hombre especialmente sabio>

«NO SOY UN DIRECTOR MALDITO» AUNQUE ME GUSTARÍA SERLO

Ángel García del Val es un cineasta que va por libre,ha acabado su tercer filme(1997),<EL SUEÑO DE CRISTO>. Se ha lanzado a ESCRIBIRLO, INTERPRETARLO y DIRIGIRLO. La mostra de cine de Valencia 1997*, lo ha seleccionado. Del Val no cree en los padrinos:<NO HACE FALTA MUCHO PARA VIVIR COMO UN ANACORETA>

¡Puede ser un BOMBAZO en <la mostra de cine de Valencia> 1997!;un filme pasto de la POLÉMICA, CONTROVERSIA e incluso el ESCÁNDALO. <EL SUEÑO DE CRISTO>, la última película del director valenciano Ángel García del Val, refleja, con bellas imágenes, y un lenguaje metafórico, una visión insólita de JESÚS como autodidacta, chamán y líder carismático de los celotes. Producida por J.P producciones con un presupuesto de 70 millones de pesetas, se rodó íntegramente en escenarios valencianos, en las zonas más agrestes de Náquera, Penyagolosa, Garbí o Aitana.

Un dato curioso; en los rodajes participaron varios cientos de MENDIGOS y VAGABUNDOS que fueron reclutados en los centros de beneficiencia que aportaron una ración de verismo, como en los primeros tiempos del neorrealismo italiano.

Tras 14 años sin salir a la palestra, Del Val retoma con este filme UNA TRAYECTORIA PECULIAR Y ATÍPICA dentro del cine valenciano y con cierta aureola de malditismo que él se apresura a desmentir: <MALDITO, es un término que aplicaría a cineastas con más mérito. Ésos que empujan maravillosos proyectos durante años y ven sus obras mutiladas. Me han censurado mucho, pero no soy un maldito aunque me gustaría serlo>.

¿Por qué CRISTO?                                            

Me gustan los PERSONAJES HISTÓRICOS O FRUTO DE LA FABULACIÓN, en particular, héroes de origen humilde que son triturados por el poder y cuya única victoria es la supervivencia como mito. Jesús de Nazaret es el paradigma. Un campesino duro de pelar, pero también muy instruido en las culturas griegas y orientales, un gran chamán, dotado de amplios conocimientos médicos que adquirió en su estancia en Egipto. Además de un líder carismático de los celotes o celotas que combatían el poder de Roma. Casi un millar de soldados fueron a capturarlo a Getsemaní y eso demuestra que le tenian bastante respeto y miedo, así como el juicio sumarisimo que se celebró en Pascua, una época en la cual no se podían celebrar juicios.                      

¿Cuáles han sido sus fuentes para recrear ésta otra cara de Cristo?Durante 5años he estudiado enormes mamotretos como la biblia, los evangelios gnósticos y apócrifos, los Anales de Tácito, las guerras judías de Flavio Josefo,etc. Para mitigar la previsible desvastacion neuronal, combinaba éstas lecturas con Tagore, Whitman , krishnamurti y daba largos paseos por el campo o veía películas que me gustan e inspiran.

¿No le intimidó su primera experiencia en Scope?

 No, cómo decía Raoul walsh, sólo es un campo de visión más amplio que debes rellenar. Durante 2 meses trabajé con Paco Belda, el cámara, pateando los escenarios y haciendo muchos esquemas y dibujitos. Reunimos un grupo de gente maravillosa, ésos todoterreno que figuran en letra pequeña en los créditos finales del filme, a los que el espectador no les presta demasiada atención y son los que soportan la parte más dura del trabajo. En todo momento me sentí protegido por ellos, y Jose Pablo Gadea, el productor, ha sido cómo una segunda madre para mí, durante todo este tiempo.

¿Qué opina del cine valenciano?

Cada película que se lleva a término, permite que un grupo de personas perfeccione una técnica. Los cineastas que conozco no han pasado por escuelas, ni siquiera han tenido oportunidad de trabajar con cineastas de más experiencia. No conozco a ninguno que haya sido apadrinado. La mayoría son autodidactas, pioneros, que con su práctica permiten la consolidación de una industria, y eso merece un respeto. 

¿Cómo ha podido sobrevivir estos años de ausencia? 

NO HACE FALTA MUCHO PARA VIVIR COMO UN ANACORETA EN LAS MONTAÑAS, y yo daba clases de yoga a mujeres, niños y ancianos que en ocasiones me pagaban en especie, magníficos productos del campo.

Artículo escrito por Bel Carrasco en agosto 1997 para la sección cultural del diario Levante EMV

Delmer Daves / Voces Indias

#¿Has comido bien hermano ¿Tienes hambre?#. (Saludo de los INDIOS CHEROKEE).

#Asi el gran espíritu nos honra con su amor. Nuestro abrazo es un suspiro de paz. Hasta que nos despierte la estrella matutina#. (Canción de amor IROQUESA).

#Tu vivías en la semilla perdurable y por eso sabes. Lo sabes todo desde el principio. ¡Ah! Contén el aliento y escucha: escucha a ese pájaro y sabrás quien canta; escucha a esa hoja y sabrás quien habla# (Canción de una madre DAKOTA a su hijo recién nacido).

 #Duerme niña mía, alma de las estrellas, los blancos están lejos, muy lejos. Y tu padre el guerrero vigila. Tu padre está alerta# (Canción de cuna de los INDIOS TITONWAN).

 #Desapareceran las aves del cielo, se fundirán las nieves eternas, se evaporarán los mares… Pero nuestra gran amistad perdurará ¡Waho! (Ceremonia de amistad de los INDIOS SIOUX).

Melodía de Flauta Cherokee

#Los blancos están locos. Se imaginan tener un Dios y no lo tienen: ¿Cómo queréis que una divinidad tolere aunque solo sea un dia estar en una cabaña cuadrada triste y sombría?# (Gerónimo (jefe Apache Chiricaua) tras visitar la iglesia de Fort Davis).

#Cuando los padres de vuestros padres pusieron el pié en nuestras tierras, los Pieles rojas les recibieron con bondad y les permitieron descansar sus miembros fatigados en esta tierra que no conocían. Todo lo que el hombre blanco pidió se lo concedió el Piel roja. En aquella época nosotros éramos los fuertes pero no os hicimos daño, nosotros éramos los que dábamos y vosotros los que pedíais. ¿Que crimen hemos cometido,para que tratéis de matarnos y privarnos nuestras tierras?# (Carta de los INDIOS CHEROKEE a el Congreso de los E.E.U.U año 1829).

<DELMER DAVES>.»La poesía del Western«

Boeticher y Sam Peckinpah le llamaron «maestro». Para este último: «El árbol del ahorcado» era «el mejor western de la historia del cine».

Cartel de «Broken Arrow» (Flecha rota)

-Se dice que, durante su etapa en la Warner, cuando alguien tenía dificultades con la ambientación de un western, se oía la frase: «Consulten a Daves«. Usted era algo así como una última instancia

-A finales de los años cincuenta, ya era difícil encontrar a un cineasta preocupado por dar autenticidad al universo del western. Sólo gente como John Ford, Mann, o Gordon Douglas se tomaban su tiempo en los detalles, el resto inundaba las pantallas con partidas de comanches cabalgando sobre caballos negros o bayos.

-¿Y?

 -¡Hombre de Dios! Los indios montaban el poney o el «pío» apanterado. No sólo por su rapidez y resistencia, sino por la disposición de las manchas en la piel que ofrece el más perfecto camuflaje.

-En sus películas siempre se trata al indio con un respeto casi reverencial, algo inusual en el western.

Fotograma de la película «Flecha rota«

-Los indios que poblaban las praderas del norte de América eran los seres humanos más pacíficos y generosos que pueda imaginar (Pausa). Permita que siga hablando de caballos uno de mis temas favoritos. Poca gente sabe que un indio «vivía» con su «apaloosa». En el caso de los Mandans, el hombre y el animal compartían la misma tienda. Para un blanco, el caballo es una conquista, un instrumento, algo que se abandona en la cuadra hasta el día siguiente. Para el indio, es un amigo. Hay pocas escenas tan enternecedoras como la de un indio «hablando» con su caballo.

-¿Y qué me dice de las «squaw»?

Fotograma de la película «Flecha rota«

 –Sin duda usted ignora que el papel de las mujeres indias tenía un significado  religioso. El indio cree que su fertilidad procede del Gran Creador, el Gran Espíritu del bien. Tan respetada era la mujer para el indio, que muchas blancas «prisioneras» se negaban a ser rescatadas; no querían volver a convertirse en objetos de explotación o adorno.

-¿Es cierto que fue adoptado por una tribu de apaches?

 -Por una tribu de apaches chiricauas. Algunos de sus miembros habían acompañado a Gerónimo en sus correrías (Pausa) Los blancos los convirtieron en auténticos animales. En sus «negociaciones» con estas tribus, los políticos y los militares nunca olvidaban un cargamento del peor alcohol. Piense que en 1871, el gobierno mejicano seguía ofreciendo recompensas por la cabellera de un apache, hombre, mujer o niño.

-¿Cómo era Gerónimo?

 En su juventud tuvo que reunir los restos calcinados de sus hijos, su mujer y su madre. Los blancos habían vengado una escaramuza quemando viva a toda su familia. Imagine que tipo de hombre hicieron de él.

-¿Qué hay de cierto sobre su enemistad con John Ford?

-Bueno… Me atreví a decirle que cuando filmaba batallas con los indios se preocupaba excesivamente por la espectacularidad, y eso era tanto como amonestarle por estar falseando las cosas. Usted habrá visto sus famosas cargas a pecho descubierto en films como «La diligencia» o «Centauros del desierto«. Los indios prestándose a un estúpido juego de tiro al blanco. Y, créalo, nada más lejos de la realidad. Los indios despreciaban a los jefes yanquis por la forma en la que arriesgaban la vida de sus hombres. Lo que para el blanco era valentía, para el indio era simple estupidez. Un jefe indio nunca pondrá en peligro a sus hombres por obstinación. Su costumbre era retar al jefe contrario a un combate singular, para evitar muertes inútiles.

-¿Qué le objetó John Ford?

-Vino a decir algo así: «-¿Cuál es la estúpida sugerencia: qué agazape a los indios entre las rocas? … ¿Sabes lo que cobra cada uno de esos jinetes?

-Tenía sentido del humor.

 -Sí… Pero no volvió a dirigirme el saludo.

-Sin embargo, vio varias veces      «EL TREN DE LAS 3:10» ¡Qué maravillosa película! «Cima de la poesía del western» que decía Anthony Mann.

<CUESTIONES INDIAS>

#El coronel Chivigton ordenó el ataque sobre el poblado Cheyenne, fué una carnicería espantosa. Los soldados trocearon los cadáveres de hombres, mujeres y niños. He visto a los oficiales amontonar las cabezas de sus víctimas y posar entre las pilas para una fotografía#. (Soldado Curt Halliday)

 #Aquel día las mujeres y los niños fueron decapitados con sables. Esta «victoria» valió al glorioso general Custer el sobrenombre que le dieron los indios: el matador de niños y mujeres# (James D.Raskil.)

#Rodeada la aldea de Big foot el mayor Whiteside, ordenó emplazar en batería 4 ametralladoras. Los Sioux aceptaron parlamentar, pero en el momento en el que avanzaba su delegación, se disparó el rifle de un guerrero; fué un accidente involuntario que el mayor aprovechó para dar la orden de fuego, le oí gritar: ¡Acordaos de Custer! Y en pocos minutos 200 cadáveres yacían sobre la nieve , 150 de ellos eran mujeres y niños# (Sargento Lionel H.Bradford)

 # ¡Soldados! ¿Quién podría olvidar que vuestros sacrificios y esfuerzos han traído la paz a estas tierras? ¡Dios os bendiga! # (General Sheridan)

Para Sonia García, tan sensible a estos temas.

Ángel García del Val

LA SOLEDAD DE JAMES OLIVER CURWOOD

«¿Por qué el hombre se muestra tan cruel con la naturaleza? Esa es la gran pregunta» (F.W.Murnau)

«Los Hombres me entristecen, me aburren o me enferman. Cosa que no me ocurre con los árboles, con las flores o los grillos». (Grouxo Marx)  

«Se sientan los espectadores frente a la pantalla y a mí me gustaría decirles: Olvidaos por un rato de este haz de luz y pensad en los raudales de luna que se derraman en el mundo. Creo que toda forma de arte sería inútil si los hombres supiéramos apreciar la belleza de la naturaleza»(Kon Ichikawa)

«Pienso que la polución no empieza en la atmósfera, sino en las relaciónes entre los hombres«. (Herbert J.Biberman)     

«Me gusta el aire libre, los grandes espacios. Odio todo lo que obstruye la relación del hombre con la naturaleza. Toda forma de mezquindad procede de ahí». (John Ford)                                 

«El hombre que ama a la naturaleza es bueno». (Robert J. Flaherty)            

«Habéis visto demasiadas ciudades, ferrocarriles y fábricas. Sabéis ya demasiado de ríos sin agua, de tierras calcinadas y atmósferas irrespirables. Y eso me entristece porque habéis enfermado a la par que la tierra, el aire y las aguas. Por eso traigo esta película sobre un sagrado bosque de hace muchos siglos, para que intentéis recordar«. (Satyajit Ray)

«¡Qué pequeño es este mundo y qué maltratado está! Mueren los bosques y los ríos; los hombres dan saltos y gritan dentro de su cárcel, como pájaros presos. Pero, ¿Por qué correrán tanto y con ese ruido; y para qué?. Parece que tuviesen miedo a perder lo que no alcanzan…». (Rabindranath Tagore)

< LA SOLEDAD DE JAMES OLIVER CURWOOD >

¿Es concebible que hallemos en la imaginación o en la realidad un monstruo más diabólico que el hombre civilizado? (J.O.Curwood)

Desde mi primera infancia todos mis instintos me empujan a apartarme de la gente e internarme en la selva. Mi amor por la naturaleza me impedía sentir miedo.                                             

La noche ejercía una gran fascinación sobre mí. Me emocionaba los murmullos que brotaban del poblado bosque cuando todos dormían. Las profundas sombras, las formas entrelazadas, los estanques y los lagos iluminados por la Luna… En tales noches respiraba algo que insinuaba la rectitud e idoneidad de todas las cosas.                                                            

Yo escribía sobre piratas, indios y grandes cazadores. Y «Skinny» mi camarada del rancho vecino, me ayudaba a urdir aventuras. Cuando me encontré ante su tumba treinta años despues, sentí una de las punzadas más profundas de soledad y pesadumbre que le es posible soportar al corazón humano.  Durante mucho tiempo estuve sentado junto al montículo bajo el cuál yacía.                                             

En 1894 me encontré por primera vez en una región deshabitada, una extensa soledad ocupada tan solo por unos cuantos indios que se dedicaban a la caza. Había visones y ratas almizcleras por todas partes y, ocasionalmente, un gato montés o un oso. Las bandadas de patos, mirlos y palomas oscurecían el cielo.

En mi opinión es imposible vivir cierto tiempo en la naturaleza sin perfeccionarse en algo. No creo que exista un solo hombre inteligente y bondadoso que no ame a los animales, las flores, las estrellas y el aire libre.    Si yo fuese un salvaje (y las creencias de los salvajes son las más fidedignas y las más bellas) un río sería mi dios. Porque de todas las cosas creadas no hay una que pueda revelar más sublimidad a los ojos del hombre. El hecho de que no conservemos limpias  sus aguas, que las llenemos de inmundicias y destruyamos su santidad, no es más que una de las muchas manifestaciones destructoras con que la bestia humana, en su loca carrera tras el poder y el dinero, insulta a la naturaleza.

Cuanto agradezco a la Vida que mi Río, el viejo Shiawasse, fuese limpio en mi niñez. Hoy no es más que uno de los miles de ríos que están enfermos o agonizantes. Pero lo amo tanto en sus momentos de degradación como en sus días de gloria. Cuando pienso en lo que mi río ha hecho por mí, pido al cielo que una visión más amplia e inteligente del hombre pueda dar oportunamente, a cada muchacho y muchacha, un río limpio. Os he contado como conocí las infinitas praderas, las montañas más vírgenes, las grandes llanuras del Norte, las nieves del Ártico y un millar de caminos acuáticos. Sabéis que he llegado a convencerme de que la vida del animal o el árbol es tan preciosa como la mía; que el corazón del hombre que llamamos salvaje está lleno de bondad, y que existe una Gran inteligencia que da sentido a la Creación. Lo que adquirí en aquellos viajes solitarios, no lo cambiaría por las posesiones de todos los millonarios de la tierra.

< JAMES OLIVER CURWOOD LA LLAMADA DE LA SELVA >.

«Vayamos despacio. Estamos tratando de comprender algo que no pertenece al tiempo, algo que no ha sido creado por el pensamiento humano». (J.O.CURWOOD)

– Hablando de su relación con la Naturaleza, usted usa términos como «Protección», «Lo sagrado», «Gran inteligencia»…

– Protección, sí. Empecemos por ahí. En su infancia Curwood se veía irresistiblemente atraído por la selva que casi circundaba el pequeño rancho. En aquellos parajes abundaban los pumas, linces y grandes osos grises. El niño había sido advertido del peligro, llegó a ver el cuerpo de un leñador destrozado por un puma. A pesar de ello, siempre que podía burlar la vigilancia de sus padres, él se adentraba en el bosque.

– Protegido, escribía usted, por «extrañas presencias».

– Sí; el niño hablaba de «ángeles». Defender su existencia significaba tres peleas diarias con sus compañeros de colegio. El maestro dejó escrito que «Curwood recuperó la salud mental a costa de palizas» (Risas) Pero, mire, en una ocasión el niño se encontró frente a una osa con sus dos cachorros. Había pasado el invierno y era lógico suponer que el animal estaría hambriento. El niño permaneció sentado y en silencio a corta distancia del gran «grizzly». Aquello duró toda una semana.

– Usted decía que, por aquél entonces respiraba algo que «insinuaba la rectitud e idoneidad de todas las cosas».

– Un inmenso sentimiento de compasión. Cómo sabe, esa palabra, etimológicamente, significa «pasión por todo».

– Y, sin embargo, usted mataba con su rifle y con sus cepos. Su habitación estaba decorada con dientes de pequeños mamíferos y colas de pájaros.

– Era una práctica habitual en aquellos tiempos y el niño había sido condicionado por la tradición. Pero un día disparará contra un abejaruco, hiriéndolo en la cabeza, de manera que cuándo esa maravillosa avecilla agoniza entre sus manos, él pudo ver el pequeño y palpitante cerebro. Curwood nunca sabrá expresar con palabras lo que sintió entonces. El animal exhala su último aliento y el niño descubre horrorizado que ha matado una bella y frágil forma de inocencia. Curwood sufre una violenta conmoción y, a partir de entonces, extenderá esa cualidad de inocencia a toda la Naturaleza.

-¿Extenderá?

– Curwood nunca volverá a matar por placer. A sus ojos, la Naturaleza, aquello que no ha sido corrompido por el hombre, es inocencia. Ahora el niño se adentra en el bosque con un profundo sentimiento de piedad hacia todas sus criaturas. En los próximos días, su padre lo encontrará invariablemente sentado junto al lago, como dominado por una extraña sensación de ausencia. Pero la atención de Curwood hacia lo que le rodea es total ¡El observador y el campo de observación son una misma cosa!

-No creo entenderle bien. ¿Quiere decir que el niño no se siente separado del entorno?

– Oh es evidente que está separado como organismo físico, pero fuera de eso solo existe el sentimiento de total comunicación. Cuando la mente del niño se relaciona con el gran «grizzly», «ve» el poder y la dignidad de esa tremenda energía de la selva, la seguridad y belleza de sus movimientos, los brillos de su pelaje, su delicadeza con el cachorro. El corazón del niño vibra con el latido del bosque, que es el impulso energético de la tierra, la humedad y fragancia del aire, el murmullo del lago. La totalidad del organismo está implicada en la observación y existe el sentimiento de completa pertenencia al entorno. Oh, todos los niños han vivido con esa extraordinaria cualidad perceptiva, de la que han sido violentamente desposeídos por el adulto.

– Años después, usted escribiría que Curwood siempre mantuvo esa cualidad, que nunca se dejó atrapar por ningún dogma religioso, por ninguna ideología, que nunca buscó la seguridad de una cuenta bancaria, el prestigio social o la idea de pertenencia a una tradición o a una patria.

– Curwood siempre agradeció a la Naturaleza el mayor de sus dones una mente que encontraba seguridad en si misma.

*Artículos extraídos; voces del cine sobre naturaleza y Fantasmas del cine J.o.Curwood «la llamada de la selva» y «la soledad de J.o.Curwood» escritos para La guía en 1990.

Ángel García del Val